El sufrimiento cada vez tiene peor prensa. Lógico, a nadie, salvo que sea un masoca redomado, le apetece pasarlo mal. Sin embargo, no pocas veces, la capacidad para aguantar los reveses ayuda a superarlos y nos fortalece como personas. No se trata, claro, de sufrir por sufrir, sino de tomar conciencia de lo que cuestan las cosas.
Y otra cuestión que también comentamos: hay un sufrimiento real y otro, ahora bastante de moda, artificial. Si el sufrimiento es autoinfligido —soy la leche porque me hago maratones—, no hablamos de sufrimiento sino de algo perfectamente prescindible.
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jueves, 14 de abril de 2016
jueves, 14 de enero de 2016
Tomárselo todo a pecho
Llamémosle hipersensibilidad. Todos conocemos personas —si es que no somos una de ellas— que rumian las cosas mucho más que el resto... y que, por eso, mismo sufren más. Se toman todo como una cuestión personal, e incluso las tonterías sin importancia les hacen estar dando vueltas y vueltas.
En una versión más negativa, están quienes tienen la suspicacia siempre a flor de piel y creen que cada cosa, cada gesto, incluso cada silencio es una ofensa.
En una versión más negativa, están quienes tienen la suspicacia siempre a flor de piel y creen que cada cosa, cada gesto, incluso cada silencio es una ofensa.
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